¿Con qué llegas a terapia?
Actualizado: 1 sept
La siguiente carta es parte de la serie de Sistemas Familiares en la que exploramos que es un sistema, lealtades y roles que desempeñamos, y cómo sanarlas. Este es el primer correo de una serie de cuatro.
Lo que traes contigo (y no siempre nombras).

La terapia suele ser tan profunda como te permitas explorar. Elegí escribir sobre este tema para que, si estás tomando sesiones, te permitas ampliar la mirada de tu proceso, lo que sucede en ti dentro de la terapia y al mismo tiempo en tu propio sistema familiar, y si por ahora no estás tomando sesiones, puedas tomar esta información para seguir indagando en ti.
Cuando iniciamos un proceso terapéutico, solemos llegar con una lista de temas personales que nos incomodan, un bloqueo, una dificultad con la pareja o simplemente un malestar que no logramos definir. Hablamos de nosotros, de lo que sentimos, de lo que nos pasa hoy y de lo que ya no queremos más. Ponemos en la sesión lo que vemos y tenemos consciente, sin embargo, en el espacio de la terapia, hay una presencia invisible que siempre nos acompaña y pocas veces miramos; nuestro sistema familiar.
Llamamos Sistema familiar al grupo de personas al que pertenecemos desde el momento en que nacemos. No sólo es la familia de origen, sino el conjunto de todas las conexiones, vínculos y realidades que nos preceden y continúan. Al nacer, ya pertenecemos a una red, quedamos integradas/os a un sistema que ya tiene una historia. Aunque en terapia hablemos desde nuestra individualidad, somos el resultado de esa red.
Llegamos a terapia con lo que nombramos y no nombramos. Nuestro cuerpo tiene memoria y nuestros genes también. Todo lo que sucedió en nuestro sistema, lo que se celebró, lo que se calló, los que se quedaron y los que se fueron, todo influye en la forma en la que percibimos hoy nuestra realidad.
El sistema familiar nos sostiene al movernos en el mundo, aunque en algunos casos, estemos aparentemente “fuera” de él. A veces ponemos esas conexiones en palabras, las tenemos conscientes, nos damos cuenta que eso que nos pasa suena conocido o que estamos repitiendo algo y otras veces, solo las actuamos a través de nuestras acciones diarias sin percatarnos que lo hacemos.
Para tu proceso terapéutico:
Observa tu sistema. Comienza mirando a tu familia directa, sin juicio, recuerda que la primera habilidad en terapia es la autoobservación. Luego intenta ampliar la mirada hacia atrás. Reconoce que perteneces a una red más amplia, tu Sistema familiar.
Preguntas para hacer introspección:
Pon atención a tu malestar actual, ¿alguien más en tu familia ha pasado por algo muy parecido? No busques razones, por ahora solo identifica la coincidencia y obsérvala.
Si tu problema actual fuera un objeto que heredaste, ¿a quién se lo devolverías?. Observa si sientes que estás cargando algo que no te pertenece.
De todas las reglas que hubo en tu casa (dichas o no dichas), ¿cuál es la que sigues cumpliendo a pesar de ser adulto?.
En la siguiente carta, escribo sobre cómo esa pertenencia nos asigna un lugar específico y qué sucede cuando nos movemos u ocupamos otro lugar.



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