Honrando vidas: lealtades familiares
En las cartas anteriores identificamos los roles que asumimos para que nuestro sistema familiar no pierda su equilibrio. Ahora vamos a mirar las lealtades familiares.

El término lealtad se describe como: un valor humano y una virtud que implica fidelidad, respeto y compromiso incondicional hacia una persona, grupo, causa, institución o uno mismo. Actúa como un lazo de confianza y gratitud que motiva el apoyo constante, incluso en tiempos difíciles.
En el contexto de Sistemas familiares, la lealtad se manifiesta a través de un vínculo (lazo) de honor que llevamos grabado en lo más profundo de nuestra psique. La lealtad no es una forma de amor, es una forma de relacionarse que aprendemos dentro de nuestro sistema. Es como un contrato silencioso, aceptamos cargar con lo que sea necesario con tal de asegurar nuestro lugar y pertenecer.
En este sentido, ser leal significa: -ser "como ellos" o "sufrir como ellos"-. El problema no es estar para la familia, sino “como” estamos y a qué costo. Para eso es importante, identificar si hemos tomado un rol, su función, su ganancia y su pérdida.
Existen diferentes tipos de lealtades, te sugiero leerlos y ver cuáles te resuenan. Sé amable contigo, muchas veces no lo tenemos consciente, no te exijas identificarte con alguna.
Lealtad por repetición: "Yo como tú": es la necesidad inconsciente de repetir historias de dolor, fracasos económicos o patrones de pareja fallidos. “Yo sufro como tu sufriste”.
Lealtad por compensación: “Yo pago tus deudas”: aquí se intenta equilibrar injusticias de ancestros que ni siquiera conocimos. Si alguien fue excluido o sufrió una pérdida no reconocida, nosotros nos saboteamos en el presente para pagar esa cuenta pendiente. “Yo pago para recuperar la honra del sistema”.
Lealtad por expiación: “Yo asumo la culpa”: cargamos con las responsabilidades que otros no pudieron o no quisieron asumir. Vivimos limitados, como si estuviéramos cumpliendo una condena por un error que no cometimos nosotros. “Yo asumo las responsabilidades que dejaste para liberar de culpa al sistema”.
Lealtad por llenar el vacío: esta es la más silenciosa. En cada sistema hay lugares (padre, madre, hijo, pareja). Si alguien no está presente, física o emocionalmente, otro miembro se desplaza para cubrir ese hueco. “Yo ocupo tu lugar para recuperar el equilibrio”
El conflicto de vivir una vida ajena
Ocupar un lugar que no corresponde, genera una sensación de vacío, desorientación o falta de propósito. Si estás ocupando el lugar de soporte emocional de tus padres, ¿quién está ocupando tu lugar como hija/o?, si estás viviendo para reparar el pasado de otros, ¿quién está viviendo tu presente?.
Muchas veces no dejamos un rol porque pensamos, si dejamos de ser el "salvador o mediador" ese lugar quedará vacío y el sistema colapsará. Esto puede verse como la dificultad para salir de un lugar, una relación o un trabajo, por miedo a qué pasará.
Moverte del rol que actualmente estas ocupando, no es sólo es para tu bienestar, es una acción que tiene impacto en todo tu sistema y que lo estimula a reordenarse. Mientras tú ocupes un lugar que no es tuyo, impides que los demás asuman su propia responsabilidad.
Para tu proceso terapéutico:
Observa si hay coincidencias en temas de dinero, pareja o salud que te llamen la atención y dedica tiempo a hacer introspección con las siguientes preguntas:
¿Qué historias de tu familia se han repetido?
¿Qué es lo que "nadie ha logrado" en tu familia y cómo te sientes tú frente a esa posibilidad?
¿A quién recuerdas o te sientes más identificada/o, o unida/o cuando compartes alguna dificulta, dolor o injusticia?
Honramos a nuestro sistema familiar cuando agradecemos la vida, cuando elegimos desde la consciencia la manera en que queremos vivir y nos abrimos a nuevos caminos. Los respetamos cuando permitimos que cada quien ocupe su lugar.
En la próxima y última carta, describiré algunos ejercicios para sanar esas lealtades, soltar las cargas, dejar de ocupar otros roles y comenzar a recuperar lo que has perdido.



Comentarios